ACCIÓN 1. Orac(c)ión al Santo sin rostro doblemente mártir

EL ICONOCLASTA

CaixaForum Barcelona 2016

Visita guiada performativa a la exposición "Gestos Iconoclastas. Imágenes heterodoxas”,

comisariada por Carlos Martín.

Iconoclasia ecuménica

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ANÓNIMO

Santo mártir, siglo XVIII. Madera

MNAC. Museu Nacional d’Art de Catalunya

 

El estado actual de esta talla apunta a una posible agresión durante uno de los episodios de iconoclasia en la España contemporánea. En esta escultura se materializa un concepto clave en el estudio de la iconoclasia: el del «martirio de las imágenes».

 

Orac(c)ión al Santo sin rostro doblemente mártir

 

Oímos el Himno de riego. Llega el oficiante tirando de un portamaletas cargado con una gran bolsa repleta de objetos. Saca de la bolsa un reposapiés y un reposamanos que acopla al portamaletas, convirtiéndolo en un reclinatorio. Saca también una benditera típica de Granada con el dibujo de una granada de mano y se la da al alguien del público para que la sostenga. Vierte unas gotas de agua vendita, se moja los dedos, se santigua, se arrodilla en el reclinatorio y reza. El actor Raffaele Biasco, que le acompañará en todas las acciones, reza con él.

 

Santo sin rostro, de autor anónimo.

 

Doblemente mártir.

 

Intercede ante nuestro señor Jesucristo y su santa madre la Virgen María, para que los gestos iconoclastas que vamos a llevar a cabo no sean constitutivos de pecado -ni de delito-. Que nos perdonen si les ofendemos, así como los laicos perdonamos a los quienes nos ofenden. Santo mártir.

 

Óyenos, Señor.

 

Nadie sabe mejor que tú que la iconoclastia funciona como un mecanismo de innovación histórica, que continuamente destruyen viejos valores e instaura otros nuevos.

 

Escúchanos, Señor.

 

Sabes igualmente que la iconoclastia también se ha dirigido contra lo nuevo: los partidarios de los nuevos dioses -o ideologías-, en el estadio inicial de sumisión, siempre estabais expuestos a persecuciones y a la destrucción de vuestros símbolos.

 

Óyenos, Señor.

 

Sin embargo, de modo característico, se tiende a no designar este gesto de opresión y destrucción de lo nuevo como iconoclasta: se habla, antes bien, de martirio de lo nuevo. Santo mártir.

 

Escúchanos, Señor.

 

Todos sabemos que la derrota y el martirio contienen en sí una promesa que la victoria no contiene. Santo mártir.

 

Óyenos, Señor.

 

Desde la muerte de Cristo, nuestro Señor,

Ten misericordia de nosotros.

 

… el gesto iconoclasta deja de funcionar, esencialmente porque se presenta de forma inmediata como la más elevada victoria de su supuesta víctima. Es decir, a la luz de la tradición cristiana, la imagen de la destrucción que deja atrás el gesto iconoclasta, se trasforma en la imagen del triunfo de lo destruido.

 

Da gracias al Señor.

 

Doblemente mártir, tú que todo lo sabes, dime si desde la vanguardia, los artistas no han escenificado otra cosa que un martirio de la imagen que sustituye a la imagen cristiana del martirio. Así la imagen será (simbólica o realmente):

 

Cortada. Ora pro nobis

Despedazada. Ora pro nobis

Fragmentada. Ora pro nobis

Perforada. Ora pro nobis

Atravesada. Ora pro nobis

Arrastrada por el barro. Ora pro nobis

Y entregada a la risa. Boris Groys. La iconoclastia como procedimiento.

Amén.