ACCIÓN 4. Arte, terrorismo e islamofobia

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Iconoclasia ecuménica

EL ICONOCLASTA

CaixaForum Barcelona 2016

Visita guiada performativa a la exposición "Gestos Iconoclastas. Imágenes heterodoxas”,

comisariada por Carlos Martín.

MUZAFAR ALI

Nicho vacío de uno de los budas de Bāmiyān tras su destrucción. 2001. Fotografía.

Muzafar Ali / Getty Images

 

Arte, terrorismo e islamofobia

El oficiante, vestido con una chilaba blanca, lee en voz alta unas citas sobre arte, terrrorismo e islamofobia. Su ayudante le escribe en rojo sobre el pecho decenas de "Je suis Charlie”.

 

¿Por qué, desde finales de los años 60, la imagen del Islam en la cultura occidental ha estado unicamente constituída por el velo de las mujeres, “los sables y los turbantes”, la yihab islámica y las barbas de los mulás?

 

Occidente, que controla la producción de imágenes en el mundo, escoge las que legitiman su visión: un islam como totalidad globalizante, como hecho social absoluto, en el que lo temporal y lo espititual se confunden, irracional, irreductible, violento.

 

GEORGES CORM (La fractura imaginaria)

 

El cliché no degrada al otro solo para dominarlo más fácilmente sino para exonerar al vencedor de toda responsabilidad. De hecho, el discurso “orientalista” del que la islamofobia es solo una expresión, ha inducido siempre, mediante prácticas políticas y militares, los comportamientos que confirman sus tesis.

 

SANTIAGO ALBA RICO (Islamofobia)

 

El acto surrealista más simple consiste en salir a la calle con un cinturón explosivo e inmolarte en medio de la multitud.

 

ANDRÉ BRETON (Manifiesto Yihadista)

 

El artista no tiene ninguna posibilidad a la hora de enfrentarse a la supremacía del terrorista o del guerrero contemporáneo. No puede competir con él en el campo del acto radical. Es más, los mismos terroristas y guerreros hace tiempo que actúan como artistas. Bin Laden lo conocimos realmente como videoartista. O las imágenes de Abú Ghraib, que muestran un sospechoso parecido estético con el arte y producción cinematográfica alternativos y subversivos desarrollados en Europa y EEUU en las décadas de los 60 y 70. La similitud estilística e iconográfica es de hecho sorprendente (accionismo vienés, Pasolini, etc.)

 

Los vídeos de terroristas y las imágenes de Abú Ghraib están impresos en nuestra conciencia, incluso en nuestro subconsciente, de manera mucho más profunda que cualquier obra de arte contemporáneo.

 

Sin embargo, el arte de vanguardia era iconoclasta mientras que el terrorismo es iconófilo. Produce imágenes fuertes, imágenes que tenemos que aceptar como reales, verdaderas, como iconos de la realidad oculta y terrible de la política global.

 

Los media –que no los museos ni el sistema artístico- parecen haberse convertido en el lugar donde se espera que se satisfaga la añoranza de una imagen arrolladora, inmediatamente persuasiva y genuinamente fuerte.

 

 BORIS GROYS (El arte de la Guerra)

 

El que mata a un hombre –o a mil- es un asesino; el que destruye la memoria de la humanidad es pura naturaleza: opera como esos cataclismos que, según Platón, destruía cada diez mil años la civilización obligando a un puñado de “hombres toscos y ásperos” a comenzar de nuevo. (…) Solo una cosa impresiona más que un genocidio y es el apocalipsis. La destrucción del museo de Mosul impresiona mucho porque se trata de un apocalipsis a pequeña escala; la maqueta o el bonsai –digamos- del apocalipsis.

 

                 SANTIAGO ALBA RICO (Islamofobia)